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Medicina
universal y el hombre actual
Una
de las grandes áreas de trabajo y estudio en el gnosticismo,
es indiscutiblemente la Medicina Universal.
El
V.M. Samael Aun Weor en su libro TRATADO DE MEDICINA OCULTA Y MAGIA
PRÁCTICA, expresa al respecto: “esta ciencia que yo
bautizo con el nombre de Elementoterapia, el “arte regio”
de la sabiduría medica, es tan antiguo como el mundo. No
se puede ser medico sin ser mago, ni ser mago sin ser medico.”
Cuando hablamos del carácter universal de la medicina, lo
hacemos para diferenciar esta Ciencia Sagrada de la comúnmente
llamada medicina oficial, dado que ésta última es
la que nuestra civilización y cultura actual entronizan como
la única valedera, sabia, segura y cierta para tratar al
hombre en sus carencias y quebrantos de salud. Si bien son ciertos
los adelantos que la medicina contemporánea ha realizado,
afirmamos que aún siguen siendo parciales sus conocimientos.
Pero empecemos a analizar estos conceptos, partiendo por el grado
de sabiduría que posee en estos momentos la humanidad sobre
la naturaleza y el hombre, a fin de atender sus enfermedades y propender
al desarrollo de sus valores vitales, psicológicos y espirituales.
No
podemos esperar sensatamente que, alguien que ignore el origen,
funcionamiento, utilidad y objetivo de una máquina, pueda
solucionar algún problema que posea la misma. Menos aún
si desconoce el uso correcto de las herramientas de que ya dispone,
o los efectos nocivos que engendran las que inventa para paliar
las situaciones críticas por las que atraviesa la máquina.
Veamos en primer lugar, cuanto conoce el hombre de la naturaleza,
es decir, del ambiente que lo rodea, de sus leyes, de su inteligencia
rectora, de sus objetivos, procesos, etc.
Al
respecto, el consenso general es que la naturaleza es algo mecánico,
sin conciencia ni inteligencia, que tiene sus leyes surgidas de
la propia evolución que la impulsa y que debe el hombre utilizar
a voluntad, pues es su rey y expresión máxima de sabiduría
conocida.
Consideramos
esto un error, surgido de nuestra ignorancia y soberbia. Si desconocemos
el origen, quien construyó y dirige a la naturaleza, no podremos
jamás internarnos en sus misterios ni aprender de su sabiduría
y menos aún manejar leyes que ignoramos, a riesgo esto último,
de cometer una atrocidad. Ni pensar en subsanar las contrariedades
que nos afectan al transgredir las normas existentes, leyes que
arrollamos en procura de pasarla lo mejor posible en este mundo
de interrelaciones, que como proyección nuestra, creamos
para llevar adelante la existencia.
La
Gnosis enseña que poniendo en práctica ciertas técnicas
y ejercicios podemos llegar a conocer a la Madre Naturaleza, a las
inteligencias rectoras de sus diferentes departamentos, a la vida
y conciencia que anima sus diferentes reinos, a las leyes que los
rigen, a la multiplicidad de dimensiones que existen, etc. y que
no son creencias, son hechos que debemos tomar en cuenta.
¿Cómo es la preparación de un médico
auténtico? Nos enseña el Maestro Samael Aun Weor:
“Trece años estudian medicina los médicos Arhuacos
y doce años es el mínimo de los médicos Lamas
del Tibet. Más adelante expresa: Los severos estudios de
medicina Himaláyica y Trans-Himaláyica, incluyen la
elementoterapia, la osmoterapia, la anatomía de los siete
cuerpos y la astrología y química ocultas. Todo médico
Lama es clarividente, y realmente no se puede ser médico
sin ser clarividente.”
No podemos olvidar algo que es elemental hasta para el más
materialista de los seres humanos, y es que bien sabemos que formamos
parte de la naturaleza y que si la atacamos y la intoxicamos, nos
envenenamos y destruimos junto con ella. Contaminamos el aire que
respiramos, la tierra que nos alimenta, el agua que nos da vida,
desatamos las fuerzas internas que posee el fuego para destruir
a nuestros semejantes, y en nuestra necedad y desconocimiento más
vergonzoso, manipulamos la mecánica elemental del mundo vital,
de la genética, creyéndonos hacedores de vida, jugando
simplemente con lo que ya está hecho anticipadamente por
el Creador.
Precisamente,
manipulando estos elementos, nos llevamos por delante leyes que
controlan procesos que desconocemos, que distorsionan los planes
establecidos desde eternidades para que el hombre trascienda su
propia condición a base de esfuerzos concientes, educándose,
trabajando sobre la realidad para conquistarla por estudio, comprensión
e integración, no por imposición de la necesidad circunstancial
y el desconocimiento.
¿Como
podemos pretender alterar los efectos de la trasgresión de
una ley como la del Karma (causa y efecto), sin contar con la autorización
de su Legislador Supremo? Indudable es, que se debe procurar que
una persona recobre su salud, pero es imprescindible que esto se
realice de acuerdo a la Voluntad del Dios, a la Ley Divina y por
la Caridad y Misericordia Universal.
La
Ley del Karma enseña el error cometido, la necesidad de despertar
conciencia, y además, equilibra las fuerzas que rigen la
existencia para su mejor desenvolvimiento. El Karma no es un castigo,
es una enseñanza, una medicina - a veces muy dura por cierto
- que nos permite tomar conciencia de la falta realizada y retomar
el camino correcto.
Como vemos, desconocer soberbiamente a la naturaleza, a sus leyes,
es grave, pero también es lamentable pretender curar un paciente
sin siquiera tomar en cuenta su séptuple constitución
psicológica, o que es un trío de cuerpo, alma y espíritu.
Actuar de esta manera, es hacerlo sobre un tercio o un séptimo
del ser humano, y todo está interrelacionado intrínsicamente.
Cada cuerpo interno tiene su fisiología, patología,
anatomía particular, y por ende su estudio es urgente y necesario
para diagnosticar y realizar un tratamiento curativo serio, científico
y exacto, de acuerdo a los procesos que el Ser espiritual del hombre
tenga planeado para él.
Veamos lo que dice el V.M. Samael en su libro TRATADO DE MEDICINA
OCULTA Y MAGIA PRÁCTICA: “A los textos de anatomía
oficial les falta la anatomía de los cuerpos internos del
hombre, que es séptuple en su constitución orgánica.
Cada órgano es, por consiguiente, séptuple en su constitución
interna. He aquí los siete cuerpos del hombre: 1° Cuerpo
físico. 2° Cuerpo Vital. 3° Cuerpo Astral. 4°
Cuerpo mental. 5° Cuerpo de la Voluntad. 6° Cuerpo de la
Conciencia. 7° espíritu (el INTIMO). Estos distintos
cuerpos internos del hombre, obran sobre nuestras glándulas
endógenas y sobre nuestras hormonas.”
Nos
planteamos la siguiente reflexión: si desconocemos la naturaleza
interior, la psiquis del ser humano, sus cuerpos internos, si ni
siquiera sabemos quien somos, quien fuimos en otra existencia y
cuales son las razones de nuestra actual situación ¿cómo
es posible que podamos diagnosticar la patología de otra
persona y aplicarle el tratamiento médico que corresponda?
Ante la incapacidad de ver en los mundos internos, los hombres hemos
recurrido en el mejor de los casos a la tecnología, que nos
ha dado una ayuda muy importante al respecto, suplantando - por
ejemplo - con los rayos X a la clarividencia.
No debemos menospreciar lo logrado por los científicos contemporáneos.
Sus conocimientos son muy reales y exactos en muchos casos, aunque
limitados al mundo tridimensional. Es imprescindible obtener un
diagnóstico preciso, y si no hemos desarrollado aún
la clarividencia positiva, ni poseemos los conocimientos necesarios
para hacerlo, debemos recurrir al diagnóstico médico
antes de improvisar con un tratamiento o un remedio.
Una
ciencia auténtica no puede separarse del objetivo fundamental
de la existencia que es alcanzar la felicidad, y esto no es posible
- como nos lo enseña el V.M. Samael Aun Weor - si no se tiene
a Dios encarnado. Sabemos que para lograrlo, lo primero que debemos
hacer es respetar las leyes sagradas y la naturaleza tanto exterior
como interior, debemos conocer las dimensiones del universo y enfrentar
la dura realidad, que es necesario despertar en este mundo de fascinación
y sueño al que la materia nos induce, haciéndonos
pensar que sólo existe aquello que percibimos con los sentidos
y que somos el centro del universo, creado para nuestro deleite
y regocijo.
Sólo
desarrollando el potencial psicológico y espiritual que tenemos
latente podremos alcanzar las metas propuestas, y si no convergen
las ciencias humanas con las divinas en ese plan cósmico
del Creador, el fracaso será inevitable.
El
médico verdadero debe tener una gran ética, estar
despierto, haber muerto en sí mismo y sentir un gran amor
por la humanidad; debe saber investigar en el mundo astral, ser
clarividente, alquimista, mago, etc., y no olvidarse nunca que el
que cura es el Maestro Interno, no la humana personalidad.
Por
ello, es necesario comenzar por realizar un cambio radical en nuestras
vidas. Debemos tornarnos más serios respecto a nuestras responsabilidades,
y con verdadero espíritu científico, investigar, analizar
y comprobar la realidad de la multiplicidad del universo, del mundo
espiritual, para ayudar en forma conciente a la humanidad doliente.
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